La última noche a bordo del Djibouti Divers I fuimos a cenar a un restaurante Etiope, en el que tuvimos nuestro primer contacto con la gastronomía y población locales ya que el día de nuestra llegada nos trasladaron directamente al barco sin tener prácticamente contacto con el país. La cena resulto curiosa y divertida ya que el restaurante era para turistas y la cena, demasiado especiada para mi gusto, estuvo amenizada con unos bailes típicos en los que "participamos" los allí presentes.

A la mañana siguiente desembarcamos dando por finalizada nuestra actividad de buceo, pero todavía permaneceríamos dos días en Djibouti. Nuestros equipajes fueron enviados directamente al hotel Sheraton, donde nos alojaríamos esa noche y nosotros montamos en un singular, y algo desvencijado, minibus en el que comenzamos nuestro pequeño recorrido turístico por el país.

Aunque solo empleamos un día en recorrer parte de Djibouti, ya que el segundo día se lo dedicamos a la capital, como se puede comprobar en el mapa y debido al largo itinerario recorrido si que nos pudimos hacer una idea aproximada del país. 

De camino al lago Assal, destino principal de la excursión, nos detuvimos para ver uno de los lugares mas impresionantes del país donde la erosión ha creado un cañón de mas de 500 metros de profundidad. Unos kilómetros mas adelante unas curiosas surgencias de aguas termales, posiblemente de origen marino y la ultima parada fue el lago Goubet, un pequeño lago de agua marina conocido con el nombre de "hoyo de los demonios".

Después de tres horas de largo viaje llegamos al lago Assal, el mas salado del mundo (10 veces mas salado que el mar). Este lago se encuentra a 156 metros bajo el nivel del mar, es la mayor depresión de Africa y está rodeado de volcanes inactivos y campos de lava negra. Lo primero que se siente, nada mas bajar del minibus es el sofocante calor, que en invierno se puede tolerar pero en verano las temperaturas superan los 47,5 ºC con una humedad del 90%.

En el lago existen acumulaciones de sal de mas de 50 metros de espesor que se explota con medios rudimentarios y se transporta mediante camellos o camiones a Etiopia.

Nuestra necesaria parada para comer fue en Ali Sabieh, donde repusimos fuerzas con la comida y los bailes típicos con los que nos amenizaron en un restaurante para turistas de la localidad. Ya descansados y alimentados, recorrimos los 95 kilómetros que nos separaban de la capital atravesando las dos espectaculares llanuras desérticas de Petit Bara y Gand Bara.

Aunque en el interior el terreno es accidentado y podemos encontrar macizos montañosos con alturas comprendidas entre los 1.500 y los 1.800 metros, Djibouti es principalmente desértico. La mayor parte está formado por llanuras áridas no aptas para el cultivo, no existen superficies de tierra arable ni clase alguna de bosque y sus suelos volcánicos y desérticos son de los mas inhóspitos de Africa. Prácticamente el 10 % del país forma parte de tierras de pastoreo permanente y debido a las continuas sequías y a la pobreza del suelo, este país tan solo produce el 3 % de los alimentos que consume.

La economía de este duro país está basada principalmente en el sector servicios relacionados con su localización estratégica y su condición de zona de libre comercio en el noreste africano.

Dos tercios de la población residen en la capital y el tercio restante está compuesto principalmente por pastores nómadas. Teniendo en cuenta que hay muy pocos recursos naturales, una ausencia casi total de industria y la mitad de la población apta para el trabajo está desocupada, se entiende la extrema pobreza que nos transmitió este país.

La idea inicial era que el último día de estancia en Djibouti lo dedicáramos íntegramente a visitar la capital, pero el poco encanto que tenía la ciudad y la antipatía hacia los extranjeros de la que hacían gala los lugareños consiguió que después de comer pescado en un restaurante local al que nos llevó la agencia, pasáramos la tarde tranquilamente descansando en la piscina del hotel hasta la hora de nuestro traslado al aeropuerto dando así por finalizado nuestro viaje,  

Nuestra opinión personal es que si se va a bucear a Djibouti, y la combinación de los vuelos es favorable, como fue nuestro caso, siempre es recomendable aprovechar un par de días para hacer alguna excursión. Además de el lago Assal se puede visitar el lago Abhé en la frontera con Etiopia o la isla de Moucha, donde además de descansar se puede bucear ya que hay un centro de buceo en la misma isla.

Pero, organizar un viaje a este destino solo para visitar el país consideramos que no merece la pena. La ciudad no tiene ningún encanto especial, los paisajes no son espectaculares, no hay apenas flora ni fauna y la gente, al menos esa ha sido nuestra experiencia, podemos decir que no es muy amable con los extranjeros, logrando incluso que no nos sintiéramos "cómodos" paseando por la calle, sobre todo por el mercado.

Pensamos que la actitud de la población con los extranjeros puede estar relacionada con que hayan sido colonia francesa durante muchísimos años y también con que actualmente haya miles de soldados de diferentes nacionalidades destacados en la zona, que, todo hay que decirlo, a los pocos turistas que allí nos encontrábamos nos daba una cierta seguridad ya que en esos días, en el país vecino, Somalia, estaban en guerra y pocos días después de marcharnos nosotros llegó a aguas de Djibouti un portaviones americano desde el que lanzaron ataques a Mogadiscio y a la frontera de Somalia con Kenia...

Por ultimo, si se va a viajar a Djibouti aconsejamos evitar los meses que van desde Abril hasta Octubre ya que las altas temperaturas en esas fechas convierten en un calvario cualquier visita.