Desde Durban hasta St. Michaels on Sea, donde nos alojaríamos dos noches mientras buceábamos en Protea Banks, existe una moderna autopista y se tarda aproximadamente una hora y media en coche, con lo cual antes de darnos cuenta ya estábamos descargando nuevamente el equipaje. Tras las lógicas presentaciones a los propietarios de la guest house que teníamos allí reservada y una vez tomada posesión de nuestra habitación, decidimos que sería interesante localizar el centro de buceo con el fin de no perder demasiado tiempo al día siguiente.

cortesia de: www.africandiveadventures.co.za

Siguiendo las magnificas indicaciones que la agencia nos había remitido en el completísimo dossier con el que nos estábamos desplazando por Sudáfrica, en menos de quince minutos nos encontrábamos en un pequeño "puerto", a decir bien era simplemente un pequeño edificio de dos alturas, un aparcamiento para coches y pequeñas embarcaciones, una zona de playa y una rampa a través de la cual trasladaban las barcas hasta el agua.

Pero no había rastro de centro de buceo alguno. Buscando por el aparcamiento localizamos una serie de "matriculas" que estaban atornilladas en la pared y en una de ellas aparecía el nombre de nuestro "centro de buceo" African dive Adventures junto a unas líneas marcadas en el suelo acotando una superficie que bien podía pertenecer a dos o tres plazas de aparcamiento para coche... Nuestra sorpresa, como podéis imaginar, fue mayúscula. No teníamos ni idea de lo que allí pasaba. ¿Un club de buceo de "quita y pon" quizá...? 

En otro orden de cosas, hacia muchísimo viento, bastante frío y en el mar se formaban, 500 metros antes de llegar a la costa, 5 o 6 filas de olas de unos dos metros de altura que rompían salvajemente sobre la playa logrando que esta desapareciera por completo... Con estos preliminares estábamos deseando que llegara el día siguiente para ver como, con quien y donde buceábamos...

cortesia de: www.africandiveadventures.co.za

Un tanto desencantados por las perspectivas para el día siguiente llegamos a  Nolangeni Lodge, nuestra guest house, donde cenamos algo, regado por supuesto con buen vino sudafricano. A los postres llegó otra pareja de españoles que también estaba allí hospedada, Ana y su marido Miguel que mañana seria compañero de buceo nuestro.

Esta encantadora pareja de las Palmas estaba realizando el viaje en sentido contrario al nuestro (en lo que a buceo se refería), con lo cual ellos nos pudieron hablar de Aliwal Shoal, nuestro próximo destino y nosotros les hablamos de la experiencia que habíamos tenído con el tiburón blanco ya que, la agencia local que organizo ambos viajes era la misma; Bolang Adventures. Con tanta información que compartir la velada se alargo mas de lo previsto con la "monotemática" conversación que dicen tenemos, cuando nos juntamos los buceadores...

cortesia de www.nolangenilodge.co.za

Tras descansar y tomar un buen desayuno (no excesivo con el fin de no dar mucho de comer a los peces) nos vino a recoger una persona encargada del centro de buceo, para que no nos perdiéramos el primer día de camino al puerto, pensaría que éramos como sus Dive Master (este comentario sarcástico, ahora no tiene sentido pero mas adelante se entenderá perfectamente).

Decidimos llevarnos el almuerzo (que estaba contratado en la guest house) con el fin de no tener que volver entre inmersión y inmersión hasta allí otra vez para almorzar, con la incomodidad que suponía, cambiarte de ropa, coger el coche, volver...

Llegamos, siguiendo al coche de la encargada del centro de buceo, hasta el pequeño puerto de Shelly Beach que habíamos visto el día anterior ayer por la tarde, hoy con mucho mas ambiente, por qué además de nuestro "centro de buceo", allí se congregaban barcas que sacaban a pescadores de caña a pescar por la zona.

En este ambiente de movimiento de gente, con aparcacoches locales que vigilaban tu vehículo por un módico precio (muy recomendable, aunque en nuestro caso, al parecer, estaba incluido en el precio de las inmersiones) "apareció" nuestro flamante centro de buceo compuesto por;

  • Una lona de nylon de aproximadamente 20 metros cuadrados en el suelo, sobre el asfalto.

  • 2 mesas, 4 sillas, 2 sombrillas, bajo una de las cuales estaban los responsables del centro.

  • 20 botellas de aluminio de 12 l. colocadas en el suelo al sol.

  • Un termo con café.

  • Amplias vistas al mar y ventilación garantizada.

  • Una zodiac semirigida con su remolque, de aproximadamente 7 metros, con dos potentes motores que una vez depositada en la arena de la playa tendríamos que introducirla en el agua empujando.

Además de lo aquí indicado podías utilizar los baños públicos, situados en el pequeño edificio que estaba junto al aparcamiento donde nos encontrábamos... Una vez chequeadas las instalaciones, a regañadientes porque nos parecía un poco lamentable la infraestructura, comenzamos a equiparnos con la ilusión de que al menos el buceo sería lo suficientemente interesante como para cubrir las carencias de la infraestructura.

El responsable del centro y patrón, Roland Mauz, nos presentó a nuestro dive master para ese día (un chico de unos 25 años muy parco en palabras, de hecho no recuerdo haberle oído hablar en los dos días que estuvimos allí buceando) y nos explico el funcionamiento de las inmersiones y la forma de operar para salir desde la playa.

NUESTRO BUCEO EN PROTEA BANKS

Una vez estamos equipados, se suben los equipos a la zodiac y el personal del centro se encarga de asegurarlos y de acercar hasta la arena el todo terreno que transportaba la embarcación, dejándola lo mas cerca posible del agua.  El grupo de buceadores se dispone alrededor de la zodiac para trasladarla, empujando por la arena ayudados con un balón de aire que colocan en la quilla y llegando, tras no pocos esfuerzos, a la orilla.

En ese momento las chicas, que han estado empujando como todos, suben a la embarcación y somos los varones los que, entre las olas (que en mas de una ocasión nos dieron un susto o provocaron alguna situación entre lo cómico y lo patético) seguimos arrastrando la embarcación por el agua hasta atravesar una zona inicial donde hay grandes piedras y los motores no pueden todavía actuar.

Una vez hay calado suficiente, montamos los demás y mientras el patrón prueba los motores, nos colocamos unos chalecos salvavidas y enganchamos los pies en unas cintas clavadas en el suelo de la zodiac que impedirán que nos caigamos con los saltos que a buen seguro daremos para salir de la playa (es un sistema muy sencillo que cuesta muy poco dinero y que resulta muy cómodo y útil).

Una vez buceadores y equipo están bien amarrados, el patrón empieza a "contar olas", espera con el motor en marcha a que la cadencia de las mismas sea favorable para atravesarlas sin peligro ya que para salir de la playa, en los primeros 500 metros tendríamos que salvar cuatro o cinco filas de esas enormes olas y el patrón debe esquivarlas o en su defecto saltar por encima de ellas hasta llegar a la zona en la que las aguas están algo mas tranquilas.

Cuando menos te lo esperas acelera a tope los motores y a toda velocidad haciendo "surf" entre las olas las va sorteando y/o saltando hasta salir de la zona de rompiente de la playa que son aproximadamente "500 metros de emociones fuertes".

NOTA: Igual que criticaremos determinados aspectos del centro, de las inmersiones o del buceo en general en Protea Banks, también debemos reconocer la pericia de Roland Mauz gobernando la embarcación. Porque el oleaje que hay allí no es "normal".

En este punto, y ya con el mar mas tranquilo, nos quitamos los salvavidas y comienza un movido paseo mar adentro saltando las olas que se preparan para romper con furia en la costa. En el trayecto de aproximadamente media hora de duración a bastante velocidad, cubrimos las 5 millas que nos separan de Protea Banks, una serie de dunas submarinas fosilizadas hace 5.000 años donde nos disponíamos a bucear.

Una vez nos acercamos al destino detienen la embarcación y nos acabamos de equipar. Con todo en nuestras manos (incluido focos, cámaras de foto y/o video) avanzan hasta el punto exacto de inmersión, el patrón detiene el motor y todos juntos nos tiramos al agua. Sin parar en superficie picamos hasta el fondo (35-40 m) siguiendo el cabo de la boya que lleva el Dive Master que no se detendrá ni se preocupará por nadie en el descenso (la primera regla del buceo en Sudáfrica es que el Dive Master nunca se pierde, ya que lleva la boya y es la referencia que desde superficie irá siguiendo en todo momento la zodiac).

Una vez abajo y tras los Ok pertinentes con el compañero acabamos de ajustarnos el equipo, nos recuperamos de la rápida bajada y nos disponemos a seguir al guía, muy pendientes de él ya que la visibilidad no es superior a 5 metros y la zodiac, en superficie, como hemos dicho, seguirá en todo momento su boya. Ya nos habían indicado que en el caso de que nos perdiéramos debíamos subir a superficie y el patrón nos recogería (si te ve, porque con las olas que se forman algunas veces hasta eso resultaría complicado) y nos llevaría otra vez a la boya para que bajáramos por ella hasta el Dive Master... (si te da tiempo ya que la inmersión dura tan poco que si te perdieras probablemente no te merezca la pena bajar otra vez).

Nos encontramos a 37 metros con una visibilidad de 5, una corriente importante y siguiendo la silueta de un Dive Master que parece un poco "despistado", permanecemos en el fondo a la deriva mientras el guía mira continua y rápidamente en todas direcciones, comenzamos a preocuparnos ya que la visibilidad es mínima, es la primera vez que buceamos aquí y el guía parece preocupado porque está mas perdido que un "pulpo en un aparcamiento".

cortesia de: www.africandiveadventures.co.za

A todo esto no debemos olvidar que este sitio es conocido como "shark mecca", la meca de los tiburones, y entre las especies que nos podemos encontrar por sorpresa se hayan 3 de los tiburones mas peligrosos del mundo; zambezi, tigre y blanco.

El tiempo pasa, se cumplen los 15 minutos de fondo y el dive master indica que comienza la lenta ascensión por el azul (insisto, con una visibilidad nula y la zona "infectada de tiburones") No vimos nada, ni un solo pez, ni un solo coral, ni un solo tiburón, ni una roca, ni una pared.... nada de nada.

Llegamos a superficie después de una lenta y aburrida ascensión de aproximadamente 20 minutos, una vez en la zodiac, el dive master se sienta en la proa y no da ninguna explicación de lo ocurrido. Yo entiendo que debajo del agua te puedas perder, me atrevo a decir que todos nos hemos perdido en alguna ocasión, es normal. No lo debería ser tanto si tu trabajo consiste en eso precisamente, en guiar a gente y no perderte, pero aun así puede suceder, es humano y en un punto de buceo tan complicado con Protea Banks no es de extrañar que suceda a menudo. Pero pienso que por lo menos si te pierdes debes hacérselo saber al grupo bajo el agua y en el caso de que no puedas o quieras hacerlo en ese momento, cuando regresas a superficie si debes comentar a tus clientes lo que ha ocurrido. Además con una frase tipo "señores lo siento pero la visibilidad era lamentable hemos debido bajar un poco alejados de mis puntos de referencia y me he perdido" todos nos hubiéramos quedado conformes.

Una vez acomodados en la barca y antes de regresar a la playa, el patrón (y encargado del "centro de buceo") me pregunta por la inmersión y le contesto que le debería preguntar a su Dive Master, extrañado habla con él en voz baja unos segundos, pone en marcha la zodiac y tomamos rumbo a la costa. El viaje transcurre con algún salto brusco sobre las olas, pero nada que no fuera soportable. A los veinte minutos aproximadamente nos detenemos frente a la costa, en la zona donde nacían las 5 o 6 filas de olas salvajes que posteriormente romperían en la playa. Nos colocamos los chalecos salvavidas, el patrón prueba los motores a fondo y comienza a buscar la ola encima de la cual vamos a llegar hasta la orilla.

Como si de un "surfer" se tratara va buscando; haciendo zig-zag, saltando, acelerando a tope o parando prácticamente los motores "la ola buena", en la cresta de la cual se sube y nos lleva hasta la orilla. Cuando faltan unos metros para llegar acelera a toda velocidad, levanta los motores, salta y adelanta a la ola y deja que la embarcación con la inercia que lleva se incruste en la arena (cuanto mas dentro mejor para poder extraerla fácilmente con el todo terreno que tienen allí preparado).

Ya ha acabado la primera inmersión del día. Parece que no soy el único al que no le ha gustado en exceso la experiencia... De los 10 buceadores que salíamos en la primera inmersión, la segunda solo la queremos hacer Miguel (nuestro amigo canario) y yo. Hasta Teresa decide no bucear.

Mientras los buceadores nos des-equipamos, bajo la atenta mirada de todos los transeúntes que por allí circulaban, Miguel se acerca a hablar con el patrón y responsable del centro de buceo y este le dice que solo con dos buceadores no pueden hacer la salida, que tenemos que ser un mínimo de tres. Cuando le comentamos que no hay problema y que nos devuelvan el dinero de la inmersión que no vamos a realizar (ya que era un bono que teníamos contratado) convencen a otro buzo mas y al final la salida se plantea para dentro de dos horas con tres buceadores.

En este intervalo de tiempo, almorzamos tranquilamente al solecito un par de sandwiches y un yogur que nos habíamos traído de la guest house y esperamos pacientemente la hora de la salida.

Los preparativos para la inmersión son igual que en la anterior una vez depositados y asegurados los equipos en la embarcación había que empujarla hasta el agua... Pero ahora solo éramos tres buceadores, el patrón y el dive master para arrastrar 7 metros de zodiac por la arena. Tuvimos que pedir ayuda a la gente que estaba por allí, ya que era imposible moverla entre 5 personas.

Una vez en el agua salimos entre las olas, ahora un poco mas altas que hace tan solo unas horas (según va transcurriendo el día el mar se va poniendo cada vez peor, de hecho solo se hacen dos salidas al día) y tras la pertinente navegación llegamos al punto de inmersión.

Nos preparamos y a la señal del patrón nos tiramos al agua. Otra vez a toda velocidad a perseguir al guía. La visibilidad no había mejorado, nos encontrábamos a 35 metros de profundidad, a la deriva, buceando entre "niebla" y vimos en el transcurso de la inmersión 4 tiburones Zambezi (según nos confirmó el Dive "Master del universo") mas o menos a 10 metros de nosotros porque la visibilidad debía ser entorno a 8 y solo podíamos ver la silueta, así que pienso que estarían a esa distancia.

Teniendo en cuenta que es uno de los tiburones que mas ataques sin previa provocación tenían demostrados a humanos -incluidos buceadores-, el no ver mas allá de 8 metros no convertía la inmersión en algo muy relajante que digamos... Aparte de la silueta de los tiburones no vimos nada mas. Pasaron los quince minutos de rigor y comenzamos el ascenso lentamente, una parada de seguridad a 5 metros y arriba.

Aseguramos bien los equipos y de camino a la playa nuevamente. Se repite la parada para colocarse los salvavidas como si de un ritual religioso se tratara y a practicar surf sobre las olas.... Una vez en la "playa-puerto-muelle-centro de buceo" nos cambiamos y salimos hacia la guest house para poder tomar una ducha calentita.

Por la mañana habíamos quedado con los dueños de Nolangeni Lodge que cenaríamos allí. Como la cena era pronto, aprovechamos la tarde para dar una vuelta por St. Michaels con nuestros amigos canarios Ana y Miguel. Estuvimos paseando por el único centro comercial que había y además de ponernos al día en moda, complementos, cosméticos y música sudafricana pudimos comprar un par de guías de peces del Indico en la única librería que encontramos abierta. Una vez finalizada la etapa de shopping tomamos unas cervezas en un típico pub local para abrir el apetito y a nos fuimos a "casa" a disfrutar de una magnifica cena regada con buen vino sudafricano que se alargó con interminables conversaciones (muchas de ellas por supuesto relacionadas con el submarinismo).

Para el último día el planing era realizar las dos inmersiones previstas, recoger el equipo, el equipaje y dirigirnos en coche hacia Unkommas, nuestro próximo destino, así que, después de un nutritivo desayuno salimos de la guest house, como los niños cuando van al colegio, con el almuerzo a base de sandwiches, fruta y yogur en un "tupperware".

Llegamos a la "playa-puerto-muelle-centro de buceo", aparcamos nuestros coches y descargamos los equipos, hoy los vigilantes locales del aparcamiento al ver que somos los buceadores del día anterior, desisten de pedir la propina, uno de ellos, al parecer "asalariado" del centro nos ayuda con los equipos y comenzamos el curioso espectáculo de cambiarnos en medio de la calle (y luego nos quejamos de algunos centros de España).

Hoy el dueño decide ejercer de Dive Master, imagino que para que no se vuelva a repetir lo de ayer, aunque sus condiciones físicas no son las mas propicias, de hecho en la segunda inmersión no pudo bajar por que estaba muy congestionado y había tenido problemas para compensar en la primera.

Nos encontramos con mas españoles; un catalán y un asturiano que venían desde Unkommas para hacer un par de inmersiones. Ya les adelantamos que había poco que ver. Pero como es lógico y después de haber hecho el viaje se van a meter al menos en la primera (la segunda no la hicieron y se volvieron nuevamente a bucear a Aliwal Shoal).

Colocada la zodiac en la arena comienza el ritual de empujar hasta el agua. Después de la experiencia del día anterior Teresa decide no mojarse hoy, así que Miguel volverá a ser mi compañero.

Salimos de la playa saltando entre las enormes olas y nos dirigimos hasta el punto de inmersión. De camino, vimos una ballena, el capitán redujo la velocidad de la embarcación e intentó acercarse, pero, cuando estábamos apenas a unos metros se sumergió y desapareció lentamente delante de nosotros. Continuamos la travesía y como ayer, antes de llegar paramos para acabar de equiparnos.

Preparados en el punto de inmersión nos tiramos todos a la vez y rápidamente nos dirigimos hacia el fondo siguiendo el cabo de la boya del Dive Master que cuando nos queremos dar cuenta ya está 15 metros por debajo de nosotros. Una vez abajo nos agrupamos y continuamos la inmersión. Hoy sí encontramos lo que veníamos a buscar y según nos había explicado el capitán vamos encontrándonos con lo previsto; una pequeña cueva donde vimos el primer raggie y un arco bajo el cual va pasando todo el grupo. Poca fauna y una inmersión sin nada mas que destacar que el tiburón (al día siguiente nos hartaríamos de verles), subida lenta, parada de seguridad y a la zodiac.

Aseguramos los equipos y retornamos a la playa aunque en esa ocasión nuestra entrada a tierra provocó la carcajada de gente que por allí se encontraba, ya que al golpear en la arena la embarcación se venció violentamente hacia un lado consiguiendo que los que nos encontrábamos en ese lateral diéramos cómicamente con los huesos en el suelo.  

Igual que ayer, tras des-equiparnos tomamos un nutritivo almuerzo al sol y nos despedimos de los españoles que habían venido para hacer dos inmersiones que, como era de esperar, decidieron ahorrarse la segunda y volver a Unkommas.

Llega la hora de la segunda inmersión, se repiten los preparativos y en esta vuelve a bajarnos (a tres buceadores nuevamente, nadie quería repetir) el flamante dive master que se pierde, para hacer la misma segunda del día anterior.

Ya en el punto de buceo nos tiramos al agua rápidamente, seguimos al guía y cuando nos acercamos al fondo noto que mi regulador empieza a fallar, pruebo el octopus y le ocurre lo mismo. Aviso rápidamente a mi compañero canario y le indico que compruebe la grifería para ver si está totalmente abierta. Me indica que está correcta y psicológicamente, porque no tuvo que abrirla, noto que entra un poco mas de aire, lo suficiente para no ahogarme. Le digo que continuamos la inmersión pero que nos mantengamos muy cerca por si tengo problemas.

La inmersión resultó igual que la segunda del día anterior pero sin siluetas de "Zambezis" (no se que es peor, si verlos ó no verlos) poca vida y mucha corriente.

Ascensión lenta, parada de seguridad, regreso -hoy con el mar un poco mas calmado-, entrada salvaje en la playa y con esto damos por finalizado el buceo en Protea Banks.

Comienzo a desmontar el regulador, preocupado porque era bastante bueno y nunca había fallado de esa forma (más aún, cuando antes de salir de Madrid le habían echo una revisión completa y una buena limpieza) y cual fue mi sorpresa al desengancharlo de la botella que me encuentro la salida de la misma y el filtro de mi regulador totalmente taponados con oxido de aluminio... Teresa, Miguel y yo nos miramos con cara de asombro y después de "jurar en arameo" aviso al dueño (capitán y dive master) para que compruebe el desastre de equipo que tienen y lo irresponsables que son en su mantenimiento. Nos mira, mira la botella, se excusa, dice que no sabe como ha podido suceder (es sencillo, no llevando ningún control ni mantenimiento del equipo que tienen, se me ocurre a mi) y va a enseñárselo al resto del staff del centro.

Tras darles nuestra opinión de todo lo allí sucedido en estos dos días, recogimos los equipos y nos fuimos a la guest house para darnos una ducha y acabar de recoger el equipaje.

Finalizada nuestra estancia en St. Michaels on Sea y Protea Banks, nos vamos, sin ganas de volver por allí, porque personalmente el buceo no nos ha gustado. Nos ha parecido muy incomodo y en ocasiones arriesgado.

Estamos seguros de que hay muchos tiburones y el resto de la fauna resulta igualmente interesante pero nuestra experiencia no ha sido satisfactoria y con todos los sitios que hay en el mundo por bucear, estoy seguro de que este no lo repetiremos.

Cuando quieres ir a bucear a Protea Banks te exigen que seas un buceador experimentado, creo recordar que debías haber realizado mas de 50 inmersiones... cuando yo fui debía tener unas trescientas y sinceramente me consideraba "bastante experimentado" pero no recomiendo este sitio salvo que seas de verdad un buceador MUY experimentado (50 inmersiones personalmente creo que no son suficientes) y que te atraiga un buceo muy duro, muy incomodo y me atrevo a decir que incluso en ocasiones muy arriesgado.

Nos despedimos con mucha pena de los encantadores "canariones" Ana y Miguel, conocerles fue con mucha diferencia lo mejor que nos había pasado en Protea Banks, y nos pusimos otra vez en marcha, ahora hacia Unkommas para bucear con los Raggies en Aliwal Shoal.

Miguel J. Gonzalez. Foto: Ana

Nota de www.scubadubadivers.com:

Al año y medio de haber estado buceando con Miguel J. González en Sudáfrica, nos enteramos (a través de la revista "Inmersión", donde escribía habitualmente) que había fallecido.

No hemos querido modificar la crónica porque seguro que Miguel, desde ese "Azul" que tanto amaba, la querrá leer tal y como está.