Cuando en Junio de 1.999 comenzamos a organizar las vacaciones de verano, recibimos la carta de un conocido nuestro, contándonos que había montado un centro de buceo en Túnez.

En ella nos decía que aquello era un paraíso para el submarinismo y que podríamos bucear en pecios de la Primera y Segunda Guerra Mundial, en barcos fenicios e incluso en una  ciudad sumergida... Con estas perspectivas, y teniendo en cuenta que el viaje saldría más barato que a otros destinos conocidos de buceo que estábamos barajando, nos animamos y, junto con otra pareja de amigos a los que, por desgracia para ellos, convencimos, nos decidimos por Túnez para ir a ver esas "maravillas".

Estuvimos alojados en el lamentable hotel Mamounia, de Kélibia playa (situado en Cap Bon, noreste de Túnez, una zona de veraneo local), cuyo nombre indicamos para que no se os ocurra ir. En teoría allí también hubiésemos podido bucear, si el centro de buceo, permisos, y la localización de los puntos de buceo hubieran estado preparados, pero se dieron un cúmulo de despropósitos y la verdad es que el buceo fue desastroso... No todos los viajes pueden salir bien.

Nuestro conocido había montado inicialmente un centro de buceo que, por diferentes circunstancias, no funcionó y tuvo que desmantelarlo. Después se trasladó a Kelibia donde, aprovechando parte de las instalaciones del lamentable hotel donde nos encontrábamos, había montado otro "pseudo centro" que iba a intentar poner en marcha, momento en el que llegamos nosotros allí. Muy próximo al hotel, había un pequeño puerto deportivo donde tenían una embarcación tipo zodiac semi-rígida de 7 mts., apta para el buceo.

Bien, pues con la infraestructura mencionada, un compresor y botellas (varias de ellas llenas de óxido que fue a parar a mi cuerpo vía regulador) podíamos comenzar lo que pensábamos sería un fabuloso buceo.

Los problemas comenzaron antes de bucear (no queremos extendernos en exceso y menos aún hacer leña del árbol caído, que como todos supondréis a estas alturas, cayó...). Los permisos para bucear no estaban en regla y además necesitábamos un dive-master local, ya que sin él las autoridades no permitían bucear en la zona.

Estos requisitos impidieron que buceásemos los dos primeros días, con lo cual nuestra paciencia se fue agotando rápidamente, ya que además de no poder bucear, donde estábamos no había posibilidad de hacer otras cosas, lo único que había era una playa -extremadamente sucia- y las instalaciones del hotel que dejaban mucho o "todo" que desear.

Una vez estuvo resuelto el problema del dive-master -nuestro conocido aunque era buceador profesional, al no ser de allí, no podía legalmente sacarnos a bucear- y aún sin tener los permisos en regla decidió que buceábamos pasara lo que pasara... Y así fue, hicimos una inmersión en la zona, con nuestro flamante dive-master local como guia.

Era un fondo típico mediterráneo, disponíamos de buena visibilidad, unos 20-25 metros, pudimos ver algún mero de tamaño razonable y la fauna más abundante que la encontrada habitualmente en la costa mediterránea... Reconocemos que la inmersión no estuvo mal, hubiera sido una inmersión muy buena si hubiésemos estado, por ejemplo, en Alicante, pero por desplazarnos desde tan lejos, el cuerpo siempre te pide algo más.

Cuando estábamos apunto de subir al barco, Teresa señaló a mi boca indicándome que me pasaba algo. Me quité el regulador, abrí la boca y ví salir una bocanada de "algo color rojizo". Como ya habíamos acabado la parada de seguridad, salimos lentamente a superficie y comprobamos que efectivamente lo que salía de mi boca y la había teñido completamente de color marrón, era óxido de hierro. La botella tenia en su interior una cantidad importante del citado óxido (por lo que después pudimos descubrir, habían limpiado el interior de los cascos, antes de montar las griferías y no habían quitado la totalidad del agua de las mismas, con lo cual ese residuo de agua fue oxidando el interior de la botella).

No acababan aquí las desgracias de ese día. Cuando llegamos a puerto, estaba esperándonos el "comandante" del puerto junto a dos soldados perfectamente armados con fusiles de asalto que a gritos y de muy malos modos, prohibieron a partir de ese momento continuar las actividades subacuáticas de nuestro conocido hasta no tener en regla toda la documentación necesaria.

Con esta desagradable experiencia acabó nuestro buceo en Kelibia, al menos con botellas, ya que hicimos un par de salidas por nuestra cuenta con gafas, aletas y tubo, consiguiendo ver restos de ánforas fenicias que poblaban el fondo de la playa frente a nuestro patético hotel. Así mismo, tuvimos una bonita experiencia ayudando a una tortuga a liberarse de un aparejo de pesca que llevaba enganchado a su cuerpo y que le impedía moverse con normalidad.

Nuestro conocido, al ver que no podía ofrecernos más inmersiones y con la buena intención de que aprovecháramos algo más nuestro viaje para bucear, habló con un amigo tunecino que regentaba un centro de buceo en las proximidades de Hammamet. Y al día siguiente volvimos a intentar bucear.

Quedamos a las siete de la mañana en un puerto cercano a Hammamet, donde tenia amarrado un pequeño barco bastante aparente para la práctica del submarinismo. Dejamos en el mismo los equipos y sin saber todavía por qué, dijo que nos recogerían en una playa que estaba unos kilómetros más al sur, ya que antes tenía que recoger a gente en dos sitios, iba a tardar bastante y por nuestra comodidad prefería hacerlo así...

En aquel momento no entendíamos a qué se debía tan extraño modo de proceder, salvo que tuviera contratadas inmersiones con más buceadores que plazas tenía legalmente la embarcación, por lo que no podía salir de puerto con tanta gente, así que la solución que tenía era recoger a los "polizones" más tarde y devolvernos ilegalmente a la playa de la que nos recogía, sin que llegásemos a puerto en la embarcación.

Ocho de la mañana, un sol de justicia y nosotros esperando dentro del coche de nuestro conocido con el aire acondicionado "a tope" a que por el horizonte apareciera la embarcación, del pirata que nos iba a sacar a bucear. Después de una larga espera, vimos en el horizonte que se acercaba una lancha a toda velocidad hacia la playa.

Atravesamos la arena, nos metimos en el agua y, con los brazos en alto portando nuestros enseres más personales, fuimos acercándonos a la embarcación. Subimos entre las caras de asombro del resto de los buceadores que ya habían comenzado a prepararse, nos acomodamos y comenzamos también a preparar nuestro equipo.

A los 15 minutos llegamos al supuesto punto de buceo, el patrón detuvo la embarcación y nos dijo que podíamos empezar a lanzarnos al agua...

La primera en saltar fue Teresa, que ya estaba preparada y cuando nuestro conocido, nuestro amigo Miguel y yo nos disponíamos a lanzarnos al agua, el patrón decidió que no estaba encima del punto de buceo y, sin previo aviso, puso en marcha de nuevo la embarcación, dejando en el agua a Teresa y otro buceador.

Tras multitud de improperios en varios idiomas lanzados por los allí presentes, se detuvo y volvió a por ellos (el indocumentado patrón pretendía que fueran por superficie los 500 metros que se había equivocado... el concepto de seguridad de esta gente era digno de mención). Una vez todos los buceadores estuvieron abordo, nos dirigimos de nuevo al punto exacto de buceo y, cuando el patrón confirmó un par de veces (ya no se fiaba nadie), que estábamos en el punto exacto, comenzamos a lanzarnos al agua.

La visibilidad era más bien escasa; en el fondo encontramos los restos de una pequeña fragata de la Segunda Guerra Mundial alrededor de la cual estuvimos buceando. No había demasiada vida, la fragata se encontraba en un estado bastante deplorable y estábamos allí "demasiados" buceadores... En definitiva, fue una inmersión bastante floja, mas aún teniendo en cuenta que nos habíamos desplazado desde muy lejos para bucear allí.

Finalizada la primera inmersión, fuimos a otro punto de buceo relativamente cercano, en el que también había un pecio. En menos de una hora estábamos nuevamente en el agua. Realizamos una inmersión muy normalita, con muy poca visibilidad y con poco que destacar. El pecio se encontraba en bastante mal estado, muy poca vida alrededor y como en la anterior, demasiados buceadores.

Finalizada la inmersión, el barco nos llevó de nuevo a la playa donde habíamos estacionado el coche. Desde allí fuimos por carretera hasta el puerto para recoger nuestros equipos. En ese momento ya estábamos convencidos de que la embarcación tenía licencia para menos buceadores de los que íbamos y, por hacerle un favor el dueño del centro de buceo a nuestro "conocido", nos permitieron bucear siempre que no saliéramos desde el puerto con el resto del grupo.

Según nos acercábamos a la playa vimos que había muchísima gente, tanto en el agua como tomando el sol y que podía resultar bastante peligroso nuestro "desembarco pirata", pero eso a nuestro patrón (el mismo que puso en marcha la embarcación, estando Teresa y otro buceador en el agua...) no parecía importarle mucho, porque navegaba a gran velocidad y no se le veían intenciones de reducirla. Entramos esquivando a los bañistas y rezando para que no ocurriera ninguna desgracia. Una vez detuvo los motores, nos bajamos, atravesamos la playa bajo la atenta mirada de la gente, cogimos el coche y nos dirigimos al puerto. Recogimos nuestros equipos y nos fuimos a nuestro lamentable hotel de Kelibia.

Decidimos que el buceo en Túnez había finalizado para nosotros. Después de las lamentables experiencias preferimos dedicar el resto del viaje al turismo tradicional...

Una vez visitados, el fuerte del siglo VI que dominaba el puerto de Kelibia y el poblado cartaginés de Kerkouane, fundado en el siglo VI A.C. y situado de camino a El-Haouaria, poco más quedaba por hacer en la zona.

Teresa y yo, junto con la pareja de amigos de Madrid a los que habíamos metido en este "embolado", pensamos en contratar un recorrido de tres días en todo-terreno por Túnez, para aprovechar los días que allí nos quedaban. Pero la mujer de nuestro conocido, con buena intención, se empeñó en buscarlo ella y, al final, junto con ella, acabamos haciendo un tour turístico de dos días en autocar en el que recorreríamos más de 1.200 km.

Digamos que el pequeño tou" fue exactamente lo contrario de lo que queríamos hacer... Imaginamos que nuestros conocidos no lo hacían a propósito, pero nada de lo que organizaban (buceo, estancia, extensiones terrestres...) salía bien. En cualquier viaje pueden surgir inconvenientes, pero lo de nuestro viaje a Túnez, tenemos que reconocer que fue un cúmulo de despropósitos.

A la mañana siguiente, muy temprano, nos desplazamos hasta un hotel próximo donde nos recogió el autocar con el que realizaríamos el flamante tour. En él ya había otros 40 turistas españoles acomodados y tuvimos que sentarnos en los únicos cinco asientos libres que quedaban en la parte trasera. Del autocar comentar únicamente que en nuestra zona no funcionaba el aire acondicionado y que mi asiento estaba roto y, aunque se lo hicimos saber tanto al guía como al conductor en numerosas ocasiones, ambas deficiencias se mantuvieron durante todo el viaje. Era la primera vez que hacíamos un viaje de este tipo y, después de la experiencia, juramos no volverlo a repetir nunca.

Transcurridas tres horas de patético y caluroso viaje sin aire acondicionado, hicimos la primera parada en el antiguo coliseo romano de El-Jem, construido entre los años 230 y 238 d.C.,  con una capacidad para 30.000 personas. De él poco más podemos contar porque la parada fue de las de "foto, pis y cigarrito" como decía el impresentable guía. Aunque aún se puede ascender hasta las gradas superiores o explorar los pasadizos subterráneos, al no disponer de tiempo para visitar su interior, nos limitamos a dar una vuelta alrededor del mismo, hacer unas fotos y, siguiendo las recomendaciones del guía, aprovechamos para ir al baño y fumar antes de subir de nuevo al autocar.

Dos horas después, tuvimos otra brevísima parada en un margen de la carretera, donde había unas cuantas tiendas de souvenirs estratégicamente situadas, en esta ocasión para ver el Gran Lago Salado de Chott el Djerid. A los 10 minutos ya estábamos de vuelta en el autocar. Continuó nuestro recorrido hasta llegar a Matmata. En su día, en esta zona habían rodado las escenas de desierto de la película La Guerra de las Galaxias y se podía visitar un poblado troglodita, obviamente preparado para el turista, en el que alguno de los habitantes te enseñaba su vivienda y podías comprobar in situ su forma de vida y hacer alguna fotografía. (La narración puede parecer rápida pero es que el viaje lo era).

Tras nuestro contacto con el mundo tunecino de Matmata y una breve, por supuesto, parada para comer en un lamentable restaurante, continuamos viaje hasta nuestro destino final del día, el hotel de cuatro estrellas (menos mal) donde pasaríamos la noche en Las Puertas del Desierto. Allí teníamos contratada lo que puede denominarse "la estrella de la corona" en viajes turísticos a la zona: un fabuloso paseo en camello por el desierto, con chilaba y turbante incluidos en el precio. Así pues, como unos turistas más, en definitiva eso es lo que éramos en esos momentos, nos pertrechamos con nuestras chilabas y turbantes, elegimos un famélico camello y, formando parte de una expedición perfectamente organizada, durante un par de horas nos sentimos como los beduinos recorriendo el desierto a lomos de estos afables animales.

Una vez regresamos al hotel, que por supuesto nos pareció un palacio comparado con el lamentable "Mamounia de Kelibia", disfrutamos de una relajante ducha en el limpio baño de la habitación, de una aceptable cena y de una excelente sobremesa en el pub del hotel fumando unas "chichas" y tomando unos licores de dátil.

A la mañana siguiente, una vez desayunamos, continuamos nuestro veloz tour. En primer lugar nos dirigimos en nuestro autocar hasta una zona montañosa en la frontera con Argelia donde disfrutamos de unos admirables paisajes. Hicimos una breve parada para comer en otro nada recomendable restaurante y continuó nuestro periplo hasta la localidad de Tozeur, donde se encuentra el segundo palmeral más grande de Túnez, con cerca de doscientas mil palmeras en una superficie de más de 10 km2. Allí, disfrutamos de un recorrido en carruajes bastante más cómodos que nuestro autocar y nos hicieron una demostración, por supuesto muy turística, de cómo se recolectan los dátiles.

Unas horas más de "agónico viaje" en el destartalado autocar daban por finalizado nuestro tour, no sin antes tener una monumental bronca con el guía porque tuvo el cinismo de solicitarnos una generosa propina basándose en que "ese recorrido, de 1.200 km. en tan poco tiempo, se realizaba habitualmente con dos conductores y en este caso se había realizado, con un gran esfuerzo por supuesto, sólo con uno..." Dejando a un lado la legalidad (en España es imposible que a una persona dedicada al transporte de viajeros le permitan conducir tantas horas), en el momento de solicitar la propina pareció no acordarse de nuestras constantes quejas por los asientos rotos y el aire acondicionado averiado que convirtieron nuestro viaje en un pequeño calvario.

El "lamentable tour" fue la gota que colmó el vaso de nuestra paciencia y el fin de nuestra estancia con nuestros conocidos.

A la mañana siguiente, organizamos todo para irnos de Kelibia y pasar en la capital los tres días que nos quedaban de vacaciones en Túnez, donde aprovecharíamos para finalizar el viaje con el mejor sabor de boca posible visitando las famosas localidades de Cartago y Sidi Bou Saïd, por nuestra cuenta.

Nosotros mismos buscamos, con la ayuda de una agencia local (ya no nos fiábamos de nuestros conocidos), un hotel céntrico en la capital y negociamos el traslado. A la mañana siguiente, fuimos recogidos y trasladados hasta un céntrico hotel situado en Túnez, a cinco minutos andando de la Medina, donde dormiríamos las dos noches siguientes.

Una vez dejamos a buen recaudo los abundantes equipajes en nuestras respectivas habitaciones, los cuatro nos dedicamos a ver la ciudad. Durante el resto del día paseamos por sus calles y parques y, al estar situado tan céntrico nuestro hotel, resultaba muy cómodo para acercarnos hasta los pocos sitios que queríamos visitar ya que, al día siguiente, estábamos comprometidos con Cartago y Sidi Bou Saïd.

Uno de nuestros destinos durante el día fue visitar la ville nouvelle, parte muy importante de la ciudad, erigida cuando los franceses tomaron el poder hacia finales del siglo XIX y característica por su arquitectura colonial.

Al atardecer decidimos acercarnos a la Medina, el núcleo histórico y cultural de la moderna Túnez, donde pudimos ver varias mezquitas, disfrutar del verdadero ambiente tunecino y, por su puesto, perdernos por el tradicional bazar, lugar del que tras largas negociaciones y regateos, acabamos llevándonos algún objeto inútil de recuerdo.

A la mañana siguiente negociamos con un taxista para realizar las visitas que teníamos previstas para ese último día de estancia en Túnez. La distancia entre las mismas, obligaba a utilizar este medio de transporte. Nuestra primera parada fue Cartago; allí, partiendo desde la colina de Brysa, visitamos la catedral de St. Louis, el Museo Nacional y las termas de Antonino, disfrutando de los restos de origen romano que allí se encuentran.

Nuestro punto y final del viaje, en cuanto a visitas se refiere, fue Sidi Bou Saïd. Situado en lo alto de un acantilado aproximadamente a diez kilómetros de la capital, con una preciosa vista sobre el golfo de Túnez, esta encantadora localidad es característica porque las casas que pueblan sus estrechas calles mantienen una atractiva uniformidad: todas son blancas con las puertas y ventanas de intenso color azul.

Tras el largo paseo obligado por sus calles, acabamos disfrutando de un momento de descanso frente a unos merecidos cafés en la animada plaza principal de la localidad.

Regresamos a nuestro hotel para adecentarnos un poco, dar la última vuelta por la Medina, cenar tranquilamente y hacer un resumen del viaje fumando las famosas "chichas" y bebiendo los recién descubiertos licores de dátil.

A la mañana siguiente, todavía no sabemos como, en un solo taxi nos trasladamos al aeropuerto los cuatro amigos y todos los equipajes (recordemos que tres de nosotros llevábamos equipo de buceo). El taxista nos dijo que vendría con un coche familiar (tipo "caraván") y apareció con su coche normal, pero cualquiera le decía que no cabían las cosas y que buscásemos otro taxi... Entró todo e incluso sobraba hueco para respirar.

CONCLUSIÓN

Por desgracia no podemos ser objetivos a la hora de calificar este destino. Las especiales circunstancias acaecidas durante el viaje impidieron que nos lleváramos una imagen mínimamente imparcial para poder calificarlo.

Quizá como destino de turismo histórico pueda merecer la pena e incluso de turismo de sol y playa, en zonas como Hammamet preparadas para esos menesteres. Pero nunca recomendaríamos Túnez como destino de buceo. La infraestructura para la práctica del submarinismo es bastante escasa y la calidad de los fondos no invita a realizar un viaje allí expresamente de buceo. Es cierto que se puede bucear, pero también se puede bucear en infinidad de sitios dentro de nuestro querido mediterráneo que no tienen nada que envidiar a Túnez y que resultan bastante más económicos...


 

FICHA TECNICA: TUNEZ

NOTA ACLARATORIA

Los datos que vamos a facilitar en este apartado no son muy significativos ya que nuestra experiencia de buceo en Túnez por desgracia tampoco lo ha sido.

CRUCEROS

No tenemos referencias de que existan en la zona.

INMERSIONES AL DÍA

2, imaginamos que se podrán realizar nocturnas pero es un dato que no podemos confirmar.

DOCUMENTACIÓN

Pasaporte en vigor con validez de seis meses. Licencia y seguro de buceo

VISADOS

No es necesario para estancias inferiores a 90 días.

TASAS

No.

ALOJAMIENTO

Túnez es un país muy turístico, en la mayoría de las grandes poblaciones encontraremos alojamientos de todo tipo de categorías.

MONEDA

Dinar Tunecino. Aceptan dólares, euros, VISA, American Express, Mastercard y, a día de hoy, existen cajeros automáticos en todas las poblaciones medianamente importantes. Todos los bancos cambian dinero, así como la mayoría de los hoteles a partir de 3 estrellas. los cheques de viaje son aceptados por todos los bancos y los establecimientos autorizados. Conviene informarse del horario de los bancos. NORMAS PARA DIVISAS: la importación de divisa es ilimitada. No obstante si el contravalor sobrepasa los 1000 dinares tunecinos (1 US $ = 0,01 D.T.; 1000 ptas = 7,30 DT) es necesario declararlo a la llegada para poder reconvertir el excedente de dinares en divisas a la salida del país. Se deben guardar los recibos de los cambios efectuados. Está prohibida la exportación de dinares tunecinos cualquiera que sea la cantidad.

DIFERENCIA HORARIA

1 hora más que en España.

IDIOMA

El idioma oficial es el árabe aunque en las principales ciudades uno puede entenderse en francés y también en inglés. Si lo que se trata es de que te vendan algo, cualquier idioma, incluso el de los gestos, será valido.

CENTRO DE BUCEO

No podemos dar el nombre de los dos con los que buceamos ya que uno de ellos no llegó a funcionar (el de nuestro conocido) y con el que buceamos... preferimos no saberlo. De todas formas para obtener algo de información sobre el buceo en la zona se puede consultar la página web de este centro de buceo de Hammamet: www.odyseadiving.com   Como zonas de buceo podemos tener en cuenta Tabarka, Monastir y el Puerto Kantaoui.

TEMPORADA ÓPTIMA

Prácticamente coincide con la temporada de buceo de España. Desde marzo a octubre quizá sea la mejor época.

TEMPERATURA DEL AGUA

17 - 27ºC dependiendo de la época del año.

CLIMA

Muy caluroso y muy húmedo.

GASTRONOMÍA

Como en los países de la zona, para el turista europea quizá sea demasiado especiada. De todas formas en los hoteles y resort la comida suele ser bastante europea.

TRAJE DE NEOPRENO

Mono de 3mm. en verano. 5 - 7 mm. en invierno (aunque en este aspecto todo depende de lo friolero/a que seas).

FAUNA

No es muy abundante.

GRANDES ANIMALES

Salvo algún mero de dimensiones llamativas, no tuvimos la suerte de ver ninguno.

FAUNA NOCTURNA

No tenemos datos.

PARED

No tenemos datos.

PECIOS

Si, podemos encontrar varios pecios de la Segunda Guerra Mundial.

VISIBILIDAD

Variable. Dependiendo de la época del año y del punto de inmersión entre 5-25 m.

CORRIENTES

No tenemos datos.

EXPERIENCIA NECESARIA

No es un destino con inmersiones especialmente complicadas.

ELECTRICIDAD

220v/50Hz.

SANIDAD, VACUNAS

No son obligatorias vacunas.

COMO IR, COMO LLEGAR

Se vuela con las líneas aéreas de Túnez desde Madrid o Barcelona hasta Túnez (capital).

CÁMARA HIPERBÁRICA

En la Estación Naval de Bizerta.

FOTOGRAFÍA

En Túnez se pueden comprar carretes e incluso tarjetas de memoria para cámaras digitales, aunque siempre es recomendable llevarlos desde España.

COMPRAS

Artesanía local, camisetas, chilabas, artesanía en cuero souvenirs con reproducciones de sus monumentos.... Les encanta regatear hasta límites insospechados (recomendable no pagar nunca más del 10%-20% de lo que marque el precio de salida).

EXTENSIONES TERRESTRES

Como extensiones dispone de interesantes lugares para visitar como Cartago, Túnez, Sidi Bou Saïd, Matmata, Susa, Tozeur, el antiguo coliseo de El-Jem, Las ruinas romanas de Dougga y la isla de Yerba.